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26 de agosto “Día Internacional del Dengue”, apropiarnos del problema en Tandil

El dengue es una enfermedad viral transmitida por el mosquito Aedes aegypti que cada año afecta a más de 390 millones de habitantes en el mundo.

En Argentina padecemos esta enfermedad desde hace más de 20 años. Durante este verano y otoño 2020 presenciamos la tercera epidemia de alcance nacional, con más de 53.000 casos confirmados de dengue autóctono en aproximadamente 500 localidades, desde el centro al norte del país.

La provincia de Buenos Aires no ha sido la excepción, sumando junto con CABA el 23% de los casos totales. Pero la provincia ya conocía los trastornos del dengue dentro de su territorio seguido de la segunda en el 2016. Con cada epidemia se observa un aumento de casos y la expansión de la transmisión hacia el sur y el oeste, llegando en esta última ocasión tan al sur como la ciudad de Saladillo.

En Tandil, buscamos y encontramos el mosquito vector de esta enfermedad, pero hasta el momento no hubo transmisión en la ciudad. Entonces, aprovechemos este frío día de invierno en el cual se conmemora mundialmente el dengue para visibilizar el problema y reflexionar acerca de las posibles soluciones.


Lo que todos sabemos, es que este mosquito vive en el agua acumulada en una gran variedad de recipientes artificiales durante sus primeros días de vida. No está en los charcos ni en lagos o lagunas. Por el contrario, se encuentra en nuestros patios y jardines que están colmados de regaderas, baldes, porta macetas, bebederos de animales, cubiertas de auto en desuso, botellas e innumerables objetos capaces de acumular agua.

Nuestras ciudades albergan además gomerías, cementerios, chatarrerías, obras y depósitos, tanto públicos como privados, baldíos, fábricas y numerosos predios con recipientes que multiplican la amenaza del dengue durante los meses cálidos. Lo que todos deberíamos entender. No existen vacunas salvadoras. Tampoco insecticidas eficientes ni soluciones mágicas que eliminen al mosquito sin perjudicar al ambiente y a las personas. El problema no es del otro sino propio. Ejemplos de esto, abundan: el problema es nuestro como vecinos que estamos criando mosquitos, como funcionarios públicos que no nos preocupa el tema, como comunicadores que no informamos, como sistema de salud que no nos capacitamos, como científicos que no aportamos soluciones, como dueños de gomerías... El problema no es del otro sino de todos y cada uno de nosotros.

Hemos escuchado hasta el hartazgo que al dengue lo combatimos entre todos, que debemos evitar la acumulación de agua en los recipientes, que sin mosquitos no hay dengue. Entonces, ¿qué nos está faltando como sociedad para reaccionar? ¿Y cómo individuos? Funcionarios de gobierno, vecinos, médicos, científicos, periodistas, docentes, comerciantes... quizás apropiarnos del problema cada uno desde su lugar sea un buen inicio.

Y volviendo a este frío día de invierno, ¿tiene sentido hablar de prevención de dengue en un momento donde no vemos mosquitos? La respuesta es indudablemente SÍ. Durante los meses de calor proliferan los mosquitos y sufrimos sus picaduras y las enfermedades que transmiten. Pero durante los meses fríos las poblaciones de este insecto perduran en nuestras ciudades como huevos resistentes al frío y a la desecación dentro de incontables recipientes artificiales. Disminuir la abundancia del mosquito actuando sobre los recipientes es labor de todo el año, de todos los años y de cada uno de nosotros. Preparar al sistema de salud para la detección temprana de casos también debería ser una tarea constante. ¿O acaso deberíamos esperar a la cuarta epidemia nacional de dengue para tomar conciencia y apropiarnos del problema?

Dr. Darío Vezzani       

ECOSISTEMAS (UNICEN)-CONICET

Dr. MV Federico Sánchez Chopa

Dir. Bromatología (Municipio de Tandil)-FCV (UNICEN)