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Las tareas del tambo, "las vas aprendiendo con la práctica"

Joana Ruppel tiene 21 años, hace tres meses fue madre de una niña, y trabaja en el tambo de la familia Meli desde hace un año y tres meses.

Oriunda de la ciudad de Tandil, al finalizar la escuela tuvo la oportunidad de comenzar a trabajar para la firma "El Viejo Ceibo S.A." porque su hermano era el encargado del predio y había una vacante. Debido a ello, directamente se mudó a vivir allí.

De todos modos, Joana conoce de esa idiosincrasia del campo desde niña ya que, según relató a El CHACARERO, "hasta los 12 años viví en el campo. Después me mudé a la ciudad pero nunca me acostumbré".

La tarea que realiza en el tambo es ir a buscar las vacas alrededor de las 14 horas. Al tener a la bebé, "entre medio del cruce del lote 2 al 3, voy a dar la teta y después sigo hasta que termina el tambo. Lavo la máquina y lo que haya que lavar y después, cerca de las 17:30, que se encierran los lotes, se termina el tambo".


Mientras tanto, la pequeña queda al cuidado de su sobrina, que también vive en el lugar y también la ayuda su madre.

En tanto, por la mañana, se levanta a las 2:50 y hasta las 7:30 duran las labores ya que es cuando se hace la limpieza más profunda.

 Asegura que el oficio "es más práctica que otra cosa" aunque admite que, gracias al hermano "desde chiquita estuve siempre metida".

La gran cantidad de detalles que hay que saber, "los vas a prendiendo con la práctica", que resulta fundamental para poder incorporar ese conocimiento. Además, hizo antes de ingresar un curso en donde aprendió "todo lo que es la mastitis y las enfermedades".

En la fosa también trabaja su cuñada, con lo que, sumadas a los tres hombres que se desempeñan allí, son en total cinco los trabajadores en el lugar.

El trabajo en el tambo no admite fines de semana ni feriados, por lo que cada tres semanas, cada familia tiene cuatro días libres.